en escribirte.
Las vacas me invaden
y he llenado el corral.
No son bellas
cuando representan
mis miedos,
mis temores.
Las he alimentado tanto
que antes de comerme al mundo,
ellas
me comerán a mí.
Me hacen sentir
tan chiquita
cuando me rodean
o me siguen.
Me he detenido
en el camino,
pues una
se atravesó frente a mí.
Y en lugar de rodearla,
me quedé analizándola.
Poco a poco
aparecieron más.
No hay ningún pastor
que venga a quitarlas,
así que el trabajo
es solo mío.
Tengo que espantarlas,
o van a retrasarme.
Pensando en las vacas estorbosas,
mediocremente decidí esperar.
Tal vez
con las horas
se irían.
Me rebajé
al pensar
que todo ocurriría
sin hacer nada.
Sin enfrentarlas,
sin pedir ayuda,
yo,
infestada de vacas,
he perdido tiempo
y ganado valor.