pero nunca te miraste como yo a ti,
con los ojos de amor,
llenos de sueños y esperanzas.
Desconfiabas,
no de mí, sino de ti mismo,
y ahora huyes de tus miedos
refugiándote en la egolatría.
Decías que yo no solía amarte,
que fingía,
aunque mi ausencia solo te dolió
tres meses, o menos.
Te interesaste en alguien más
y golpeaste mi mayor inseguridad.
Un golpe bajo
para quien veló tus sueños
y espantó tus miedos.
No fui perfecta, lo confieso,
pero aquí estoy yo,
escribiéndote en mis desvelos.
Por más palabras de cariño que te dije,
parecías no entender nada.
Jurabas que había alguien más,
que después de todo
nada sería igual.
Mientras,
tú apachurrabas mi corazón
y jugabas con mi mente
cuando espacio te daba.
Éramos inocentes,
pubertos que en la soledad
se encontraban.
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