Es él,
con secretos que lo atormentan mientras duerme.
Parece en paz,
pero siempre lleva el rostro serio,
como si algo en su alma pesara más que el cuerpo.
fluye como las olas en playa tranquila,
ojos que desaparecen en su sonrisa
y antier, justo antier, lo abracé.
No quería soltarlo.
Tocar su espalda
me hace feliz de forma absurda.
Basta con verlo,
o escuchar cómo pregunta “¿cómo estás?”
(no sé si por cortesía,
o porque en verdad le importa).
Es lindo, pero menso,
con conductas que a veces no entiendo.
Es él,
el mismo de hace años,
del que escapaba para no trabar me al hablar,
el mismo que me ponía nerviosa,
solo que hoy, con más seguridad,
puedo verlo y platicar con normalidad,
como si estos sentimientos no existieran,
porque no estoy tan loca
para arruinar lo que mucha ansiedad me costó.
Simplemente él,
porque cuando creí ya no sentir nada por nadie,
él estaba ahí,
como si los años no pasaran
y yo fuera esa niña tímida
que corría para no topar lo de frente.
Solo que en este presente,
no huyo.
Incluso lo busco,
para prestarle atención,
y perderme en su ser,
Reconozco que es él.
Solo él.
Porque es tonto e incrédulo,
según él.
Mi “crisis” es que solo es un viejo amigo
con el cual muy poco he convivido.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario