Café, como tus ojos que, en cada reflejo, revelan tu anhelo por otra piel, lento al responder, torpe al hablar, pero presente en mi mente como el café.
Café, ese que me quita el sueño velando por alguien que solo me preocupa, eres como el café, amargo, difícil de beber.
Ya no importa si eres frío, me he acostumbrado a esperarte, a que la espera enfríe la quemadura de tu calor.
Café tibio, café helado, es irrelevante. Solo quiero un sorbo para calmarme, sentir ese amargo toque de dulzura y pensar que hoy, con ese sabor entre los labios,
no hay nada más que pueda mejorar.
(4-Octubre-2024)
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